Propiedad intelectual: Las leyes de la creación

Propiedad intelectual: Las leyes de la creación

05 Enero 2021

No existe derecho más tonto y egoísta, después del de propiedad, que el de propiedad intelectual, ese es el rey especializado de la estupidez humana.

Jhosselyn Ortega >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

El ejercicio es simple. Un derecho le da a usted pertenencia, suyo, suyo, que nadie se lo quite. Igual que un simio dibuje un círculo sobre la tierra, por debajo de sus pies para marcar su perímetro, ese es el derecho de propiedad sobre la tierra, que se extiende a las casas y heredades, predios y cada vez más grandes extensiones según sea su ambición y esmero. Ahí hace usted lo que quiera, da igual si tala un bosque que oxigena al planeta entero o si planta plagas.

Si usted tiene lo que es suyo no deja que nadie entre, y así se suma y sigue y se crea una base de civilización de imbéciles que no saben ejercitar en el amor y luego necesitan demasiadas cárceles y hogares de menores y de ancianos y después hospitales psiquiátricos (¿vio usted a una comunidad mapuche vivir sin cercos? yo sí, y con buena salud y sin las añadiduras, respirando lindo, cuando podían).

Luego, cuando los imbéciles se han doctorado de imbéciles, surge el derecho de propiedad intelectual. Ese atenta contra el propio creador, pero a estas alturas ya los tontos no saben que son tontos. Propiedad Intelectual. El ejercicio es más simple. El asunto es de su creación, digamos que es un libro, es suyo, suyo su texto y nadie se lo quite ni menos replique. Si yo escribo un libro que me parece bueno lo libero al mundo y me deshago de él lo antes posible, porque sólo cuando dejas de aferrarte a lo hecho puedes hacer algo nuevo y mejor. El que retiene vive en la miseria y miedo de sí mismo. Es un principio que impide que ese sujeto retenedor conozca algún día a la fuente divina, y su limitación hará que se quede igual que un simio, pero con un registro de propiedad a su nombre y si tiene la suerte que quiere tal vez se duerma un día en ataúd de oro, más contaminante que de cartón, pero pomposo como es la voluntad del finao.

Además el que hace algo bueno, inspirado en el amor y la fuente creativa sabe que no le pertenece, porque si realmente tiene esa magia de la bondad es de la humanidad toda y lo da. Si no es tan bueno no le sirve tanto a nadie, pero cumple y puede venderlo, y mejor si tiene derechos, licencias o patentes, así que hágalo porque a los titulados que les pagan bien les gustan esas cosas, y el Universo y la liberación no les calza con su cuadrada cabeza.

Por eso, mejor escribir libros que hacen bien al planeta, porque si es así el que lo hace estará rezando, sea cual sea su credo (que de seguro alguno tendrá), para que la gente lo haga suyo y lo copie, y lo replique, compartiendo su mejor forma de vivir. A ese, al que se inspira en la humanidad, le vale hongo el derecho de propiedad. Y no necesita ningún reconocimiento. Y de seguro lo mejor de la vida es lo que viene sin precio, es como el aire, pero no faltan los imbéciles que quieren empaquetar todo.

El [email protected] se hace más retrógrado mientras más registros lleve, o no sabe usted que hasta la escritura es menos perfecta que la oralidad, para el Ser, y el silencio mucho más perfecto que la palabra. Ese es el lenguaje natural [email protected] El que escribe no vive el momento, la comunidad que practica la oralidad valora a sus pares y a sus ancianos, la comunión y la palabra, porque esa se usa como la magia sanadora y embellecedora que es.

Por eso, yo no soy abogada ni menos escritora, a mí me gusta abrazar a mi Tribu y vivir comiendo moras, pero lo que uno quiere no le importa al creador, sino lo que él necesita. Ese es el plan perfecto y cuando uno conoce el amor sabe leer el plan. Dios no se llama Dios, pero eso da igual. Por eso escribo lo que escribo, para irme en paz a comer moras.