Las razones porque Chile debiera construir sus viviendas en madera

26 Septiembre 2014

Daniel Donald, PhD de la Universidad Estatal de Washington se refirió a los lineamientos que debería seguir Chile para potenciar la construcción con este material y dio a conocer la estrategia desarrollada por Estados Unidos en esta materia.

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Chile cuenta con una superficie aproximada de 2 millones 394 mil hectáreas de plantaciones forestales –según datos del Instituto Forestal, INFOR- desde donde se podría obtener madera para construir viviendas de calidad, siguiendo el ejemplo de países más desarrollados como Estados Unidos, “donde alrededor de 95% de las viviendas están construidas en madera", explicó Daniel Donald, PhD de la Universidad Estatal de Washington.

La última información entregada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en 2011, mostró que en Chile la superficie total de edificación autorizada superó los 10 millones de m2 y sólo un millón 800 m2corresponden a madera. Un nivel bajo si se compara con los casi 6 millones de m2 construidos con hormigón y ladrillo.

Donald destaca la madera por sus propiedades antisismica, renovable, sustentable y capaz de retener CO2. Pero "la razón por la cual los chilenos no quieren construir en madera responde a un tema cultural, porque están los materiales y mano de obra".

¿Cómo logra EE.UU. tener 95% de viviendas construidas en madera?

Exceptuando a Florida y Hawai, donde hay un tema de regulación producto de las termitas, alrededor de 95% de las viviendas en mi país efectivamente son de madera. Tenemos un gran impulsor que es la Casa Blanca, quien plantea que para el 2024 las viviendas tienen que ser un 70% más eficientes en relación al uso de la energía, un objetivo donde la madera juega un rol principal si se quiere llegar a este eje estratégico.

¿Qué le falta a Chile para imitar el ejemplo norteamericano de construcción en madera?

En nuestro país tenemos un código de regulación que contempla un manual para construcción, el cual incluso contiene zonificación sísmica para que la gente utilice el sistema. En la medida que uno sigue esa receta no necesita contar, ni con un ingeniero, ni con un arquitecto. Hay viviendas de más de 400 metros cuadrados construidas de este modo.

Una solución para Chile es bajar el estándar de los materiales, para que la gente pueda construir sus viviendas reduciendo con ello los costos. Hasta el momento no existe una diferencia tan grande entre construir en madera o construir en albañilería. Para este proceso, es importante considerar personas encargadas de inspeccionar el trabajo.

¿Por qué cree que acá no se ha logrado desarrollar la cultura de construir en madera?

Creo -como una visión externa- que es un tema cultural. Porque acá la madera se ha utilizado históricamente en viviendas sociales y es mal visto este material por algunas personas que quieren pertenecer a la clase media o alta, exceptuando a aquellos que viven en el sur de Chile.

¿Qué desafíos les quedan a ustedes por cumplir con este material?

Una de las metas que tenemos es llegar a construir edificios de 20 pisos. Sabemos que utilizando sólo madera es muy difícil, por lo que se debiera combinar los materiales. Esta industria tiene un potencial de crecimiento y ya estamos hablando del uso híbrido de la madera, es decir, combinarla con acero, estructuras de hormigón, pisos o revestimientos. Para lograrlo debemos dejar de pelear por la cuota de mercado entre las distintas industrias, por lo que planteamos soluciones conjuntas donde se combinen los materiales.

La calidad de la madera que se encuentra en Chile, ¿es tan alta como la que se exporta?

Entiendo que en Chile no hay un sistema de clasificación de la madera. Hay empresas como Arauco que sí la clasifican cuando la envían a EE.UU., pero internamente eso no sucede. Si existiera algo así, tendría un alto costo para una Pyme de aserradero, por lo que una solución sería que éstas se agruparan.

México, por ejemplo, tiene una situación similar a Chile, por lo que están adoptando y traduciendo al español el código de Estados Unidos, ya que el desarrollo de esta codificación es muy cara, son 30 millones de dólares que se gastan cada tres años para actualizar estas normativas.