[Opinión] Tengo Miedo Torero: Porque ser pobre y maricón es peor

[Opinión] Tengo Miedo Torero: Porque ser pobre y maricón es peor

16 Septiembre 2020

Recuerdo cuando leí por primera vez el libro, una novela corta, la única novela de don Pedro. Un relato de carácter autobiográfico que me dejó llorando, tal como logra hacerlo cada vez que lo he vuelto a leer. Confieso que la película generó el mismo impacto.

Josefa de la Jara >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Invitado

13 de Septiembre. Estoy acostada en mi cama escribiendo notas tras acabar de ver la avant premiere de Tengo Miedo Torero y me cuesta expulsar de mi corazón la angustia. Como muchxs seguidores de Lemebel esperé esta película ansiosamente. Lo que vi no solo consiguió transportarme a los eventos y al ambiente de los 80’, ya que delicadamente genera un cruce con la realidad actual chilena y la de 40 años atrás, la que no deja de ser distinta, donde la marginalidad, la política, la protesta, la opresión, la resistencia y la disidencia continúan siendo vívidas, mucho de esto como herencia de la dictadura.

Te puede interesar: Corazones morados: Nosotras contra la justicia patriarcal

Recuerdo cuando leí por primera vez el libro, una novela corta, la única novela de don Pedro. Un relato de carácter autobiográfico que me dejó llorando, tal como logra hacerlo cada vez que lo he vuelto a leer. Confieso que la película generó el mismo impacto.

14 de Septiembre. No pretendo hacer una crítica literaria y muchos menos cinematográfica. No me atrevo, no son mis puntos fuertes. Mi mayor cualidad es la de sentir, soy una mujer sintiente y viviente, que también ha experimentado desventuras, viviendo en carne propia la desigualdad y las injusticias, así también el amor, los encuentros, desencuentros y el desamor, como Lemebel dijo “yo no tengo amigos, tengo amores”.

La protagonista, La Loca del Frente es un maricón travesti, que vivió de la performance, del arte, del baile, del teatro, de lo Queer tal cual Pedro. Se nos presenta melancólicamente como una protagonista sin nombre, anónima, pobre, aparentemente enajenada, sin identidad, abandonada de madre y cuestionada por su padre. Una “Loca del Frente” vieja de vasta experiencia, que de un día para otro le entrega su vida a un revolucionario desconocido, cuyo mutuo encuentro azaroso le permitió enamorarse de, probablemente, una de las pocas personas en su vida que la tratase con dulzura. Todo ello en medio de una contingencia violenta y terrorífica. Porque es difícil encontrar el amor en condiciones similares, un retrato que Pedro Lemebel hace sobre sí mismo.

Tanto la obra literaria como cinematográfica están cargadas de un hermoso y delicado paisaje cotidiano urbano empobrecido, que quiérase o no, termina politizando toda la obra, ya que la intención es visibilizar la realidad de un momento histórico de lucha y conflictos de clase. La Loca del Frente aparenta no tener convicciones políticas, a diferencia de su nuevo enamorado, Carlos, un joven hombre heterosexual profesional, revolucionario del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quien llega también a revolucionar su corazón.

Este fugaz encuentro político-amoroso nos revela que la opresión no era solo política, sino que también de género, dejando a nuestra protagonista excluida de cualquier espacio en la sociedad. La marginalidad terminaba siendo más profunda para ella, negándosele la existencia, la identidad y la posibilidad de recibir reciprocidad en su experiencia de deseo sexual y de amor, porque la disidencia no tiene visibilidad. Con el paso del tiempo, La Loca transitaba en el límite del actuar motivada por el amor y entre la convicción política, pero no por una política partidista, ya que el marxismo no era un sendero por el cual se le permitiera transitar. Ella actuaba desde la política personal y experiencial.

La Loca evoluciona como una heroína olvidada dentro de la hegemonía del heroísmo masculino heterosexual, el que siempre ha tenido cabida en nuestra sociedad, silenciando cuantas otras relevantes victorias y luchas disidentes.

Volviendo al presente, hoy la subsecretaria de Derechos Humanos, Lorena Recabarren, manifestó su apoyo a las terapias de conversión en el marco de las actualizaciones a la ley 20.609, conocida popularmente como “Ley Zamudio”. En plena revolución popular y proceso constituyente, es inconcebible que aún se valide este tipo de “terapias”, que no son más que claras violaciones a la dignidad humana, un recordatorio que existe un sector poderoso que todavía valida la tortura con sus leyes a través de la violencia estructural. Resulta que patologizar e invisibilizar la diferencia se perpetúa, siendo tan tristemente similar como hace 40 años.

Con alerta de spoiler, La Loca se niega a ir corriendo detrás de un sueño construido en la esperanza del amor de su enamorado, pues comprende que no hay un lugar para ella, no bajo las condiciones de opresión existentes, La Loca es más subversiva que todxs a quienes ayudó, ella se rehúsa a cambiar, a escapar, a negar quien es y lo que siente: ella resiste, es resistencia. Pese a todo su dolor, sostiene que “Si algún día hacen una revolución que incluya a las locas, avísame. Ahí voy a estar yo en primera fila”.