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De la periferia al centro: Retomar el espacio y el control del cuerpo femenino

20 Noviembre 2020

La mujer se valida en la sociedad, primero, por su imagen, después por su valor como persona. Nuestra valía es externa y, para poder lograrla, tenemos que cumplir con estos absurdos estándares de belleza perpetuados por los medios de comunicación.

Constanza Abásolo >
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Consumimos entre 400 a 600 comerciales diferente por día. En ellos vemos a mujeres cumpliendo, principalmente, dos roles: uno, como objeto de placer sexual de otro, una mujer cosificada y dos, como madre y esposas, dueñas del mundo privado. Más allá del poco espacio que los medios dedican al deporte femenino, rara vez podemos ver a las mujeres siendo activas, moviéndose.

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La mujer se valida en la sociedad, primero, por su imagen, después por su valor como persona. Nuestra valía es externa y, para poder lograrla, tenemos que cumplir con estos absurdos estándares de belleza perpetuados por los medios de comunicación. Nos han hecho creer que ser femenina es totalmente incompatible con ser deportivas. Aunque las mujeres no estamos biológicamente programadas para odiar el deporte, sí estamos socialmente condicionadas a hacerlo. Nos han expulsado de ese espacio y nos ponen trabas una y otra vez para ingresar. La deserción deportiva de las mujeres llegando a la pubertad supera el 65%, olvidando que nuestros están hechos para moverse y no para estar sentados 8 horas al día.

Cuando llegamos a la pubertad se nos coarta nuestro accionar físico: “siéntate como señorita”, “bájate del árbol” “ya no eres una niña, deja de jugar”. Ojalá para la sociedad ocupemos el menor espacio posible y seamos lo menos físicas posibles. Los patios de los colegios siempre están ocupados por los varones, las mujeres usan siempre espacios periféricos si quieren jugar a algo. Incluso, en las mismas clases de educación física, los espacios no son repartidos de forma equitativa. Los hombres sacan una pelota y en 3 segundos organizan un partido;  las mujeres, nuevamente periféricas, o se buscan algún otro lugar o se van derecho a las duchas.

Tu cuerpo es la forma que tienes de interactuar con el mundo físico, por tanto: ¿cómo es posible que, llegada la menstruación, toda tu expresión corporal sea coartada dentro de los límites socialmente aceptables, mientras los hombres van a jugar a la pelota los domingos hasta el último día de sus vidas? Según una encuesta realizada por la revista Glamour en Inglaterra, el 70% de las mujeres señaló que tenía, por lo menos una vez al día, un pensamiento negativo sobre su cuerpo.

¿Cómo vamos a quererlo, si nos prohíben movernos desde los 12 años? ¿Cómo vamos a sentirnos seguras en un cuerpo que no sabemos usar? Para poder sentir, querer y confiar en nuestro cuerpo es necesaria la actividad deportiva; ésta nos ayudaría a entender cómo funciona, empujar su límite, sentirlo propio. Hay que cambiar el discurso que existe hacia las mujeres deportistas; hay que cambiar la imagen hegemónica del cuerpo de la mujer;  hay que cambiar la cultura deportiva patriarcal y machista; hay que cambiar la forma en que las mujeres utilizan el espacio deportivo. En otras palabras, hay que pasar de la periferia al centro.

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