Terremoto en Chile, Región del Bío Bío: Coronel fue tierra de nadie

El Coronel tuvo sus días de furia. La tragedia se vivió en dos escalas: a nivel natural, un sismo desolador; y socialmente, un pueblo desesperado. (FOTOS) Por Rodrigo Navia Cisternas
Imagen de Rodrigo Navia Cisternas
4,727 Lecturas
08 de Marzo, 2010 09:03

Aquella madrugada del viernes 26 celebraba la despedida de las vacaciones. Una junta con amigos era el panorama. Salí de mi casa en Coronel y a eso de las 22:00 llegamos a Chiguayante con amigos de Concepción. Estábamos totalmente entregados al relajo antes de comenzar el semestre universitario. Era el club de Tobi: bebida, picoteo y videojuegos.
A eso de las 3:34 de la madrugada del sábado 27, en el patio, lloraba el can de la familia sin explicación aparente y en breve comenzó lo impensado. “Temblor”, dijimos mientras nos miramos con una sonrisa llena de preocupación y espanto, “¡TERREMOTO!” exclamamos cuando al cabo de segundos este movimiento telúrico no paraba y aumentaba en intensidad. Cedió el suministro eléctrico. Junto con la familia de mi amigo aguardamos bajo la estructura más fuerte de la casa, el marco de la puerta de la cocina. Oíamos romper loza, adornos y un montón de objetos, estuvimos unos 40 minutos bajo aquel lugar, lejos de los vidrios rotos, asustados.
Los celulares perdieron la cobertura, algunos escaseaban en batería, totalmente incomunicados con nuestras familias. Subimos al auto del dueño de casa y éste nos llevó al sitio eriazo más cercano: al lado del cementerio general de Chiguayante. Intentamos mantener la calma ante las réplicas, relajarnos, esperando la luz del sol que revelaría el dantesco episodio que ocurrió ante nosotros.
Regresamos al domicilio para rescatar nuestras pertenencias (Nintendo DS, Wii) algo de comer y beber entre el desorden y luego partimos a recorrer la zona. El paisaje era desolador: panderetas caídas, autos aplastados, pavimento roto; en el barrio alto, una casa donde colgaba una lancha desde el patio e incluso una estatua de Manuel Rodríguez caída de su montura; postes de alumbrado público en el suelo y semáforos inutilizables. La gente, ya no en sus casas, permanecía en las calle soportando las constantes réplicas y calentándose alrededor de fogones.
Había que abandonar la comuna para acercarnos a nuestras casas. Salimos directo por Víctor Lamas, donde fuimos testigos de algunas casas con muros derribados y el campamento instalado en el Parque Ecuador, miles de personas acomodadas en improvisados albergues, asustados por las réplicas de un posible maremoto. Llegamos a Collao, donde por suerte sólo vimos calles fisuradas.
En Concepción, el grupo se siguió dispersando en busca de sus familias. Bajamos por la calle Los Carreras, estaba cubierta de vidrios de los edificios y locales comerciales. Viramos en Paicaví, donde estaba mi padre esperando, quizás, un milagro… O una micro a Coronel, lo que llegue primero.
Nuestro destino era llegar a casa, pero debido a los puentes cortados el vehículo no pudo seguir avanzando. Nos separamos del grupo a la altura del edificio de Diario El Sur y comenzamos la caminata hacia el otro lado del puente. Era el éxodo. Personas con bolsos, embarazadas, jóvenes con resaca, ciclistas y motoqueros, todos intentando cruzar el lastimado puente Juan Pablo II. Al final de éste había una gran fisura y una camioneta con su tren trasero descolgado de la base y con graves daños en la carrocería, ¿accidente o efecto del terremoto? No me quedó claro.
Cruzamos San Pedro por Los Huertos Familiares, las construcciones se veían sin mayores daños, algunas casas con abastecimiento hídrico desde los medidores, aún así, se respiraba el miedo, igual que en todas las comunas ya visitadas. De la panadería del sector, BioPan, se desprendía el olor a pan recién horneado y unas cuantas personas tras una cola esperando su turno para comprar.
De aventón en aventón llegamos a Coronel, población Salvador Allende, nos reunimos con la familia y presencié el desastre que quedó en mi casa. En cuanto a mi pieza, mi propio caos no tiene nada que envidiarle al terremoto.
Aquel sábado mis vecinos prefirieron acampar en sus patios. Detrás de mi casa hay un terreno, un sitio eriazo donde a eso de las 21:00 comenzaron a guitarrear y prender fogatas para suprimir el nerviosismo imperante. Las radios a pilas sintonizaban Bio-Bio, La Radio.
Amanecimos con un tremendo dolor en el cuerpo luego de dormir en una carpa sin colchones. Mi padre me terminó de despertar y me invitó a pasear al centro, tenía la tincada de que algo malo ocurriría. Allá en Concepción vimos un local saqueado sólo horas después de la catástrofe, no faltaría mucho para que al otro lado del Bio Bio -o en la cualquier lugar de la provincia- se comenzara a imitar el acto vandálico.
De copuchentos, comenzamos nuestra caminata. En más menos 20 minutos llegamos a Manuel Montt, calle principal del comercio coronelino, donde presenciamos la primera turba. Estaban siendo correteados por carabineros, habían intentado entrar a Bigger y como no les resultó cambiaron su blanco a Santa Isabel. Pulularon por los 3 supermercados de la misma calle, Unimarc fue su primer saqueo. Un par de sujetos entró a la bodega y arrojó víveres a sus coterráneos. El accionar de la fuerza pública fue rápido, pero la desesperación ciudadana fue más ágil y en breve ya habían abierto la bodega de Santa Isabel y uno de sus accesos principales. Aquel saqueo terminó cuando un flaite sale sin polera y gritando: “¡SALGAN DE ESTA HUEVÁ, LOS PACOS LA ESTÁN QUEMANDO!”, efectivamente el lugar estaba cubierto por una enorme nube negra que salía por el techo.
El humo y el gas lacrimógeno convirtieron al lugar en una zona insegura, el aire era irrespirable. Caminamos de vuelta a la casa. Los saqueos no habían sido sólo en el centro. En Villa Mora la gente entraba a un molino por las murallas caídas, salían con quintales de harina. Al rato llegaron carabineros, corría el rumor de que una viga calló dentro y el lugar ya no era apto para el hurto, aún así, seguía mucha gente dentro.
Llegando a casa vimos el gran saqueo al Hiper Lider, donde no sólo hombres, mujeres y niños corrían por comida, sino que fanfarrones llegaban con sus camionetas último modelo, doble cabina y sin patente. Salían cargados con muebles, electrodomésticos e incluso ropa. El vergonzoso acto de vandalismo desmedido, eso si, tuvo sus buenos acontecimientos: un carabinero le retuvo una plancha a una mujer y a cambió le entregó alimento, “usted no se comerá eso, señora, no sea tonta”, le dijo.
Mientras tanto, en Lagunillas y Jorge Allesandri, los supermercados Bigger estaban siendo saqueados simultáneamente. ¿Si el terremoto fue el día 27 y los saqueos en Coronel fueron al día después, por qué las autoridades no previeron aquella situación y no reforzaron la fuerza pública? Políticos vinieron a la comuna en busca de votos, ellos dijeron saber nuestros problemas, aseguraron soluciones y tranquilidad, ¿dónde estaban las promesas?
Coronel era tierra de nadie, regía un código pirata: sin ley ni Dios. La gente ya pedía a gritos la presencia de militares en las calles. Hace rato los carabineros .habían sido sobrepasados por la incontrolable turba.
Esa noche desarmamos la carpa, aún así, no entramos a casa hasta que el sueño nos venció a eso de las 3:30 del lunes primero del mes, e incluso no volvimos a las camas, sino dormíamos sentados en el living, esperando reaccionar rápido si llegaba algo peor. Nos dominaba el temor.
Comenzaba la semana, al amanecer continuaron los saqueos. La embotelladora Llacolén fue la siguiente víctima, pero no tardo para que efectivos del orden público tomaran el control de la situación. Permitían a mujeres rescatar pack’s de bebidas, apresaban a quienes intentaban sacar algo más, como computadores, o como ocurría en una bodega de Sodimac, donde pasaban individuos con sillas ejecutivas, muebles de oficina y closeth’s. La línea de los celulares llegaba a ratos. Me contacté con mi novia, ella no estaba en la región, me comentó sobre varios amigos. Me comuniqué con el mundo.
Aquel lunes fue el día de la psicosis. En todos los barrios organizaban trincheras, el grito de las supuestas turbas que venían a saquearnos era más y más fuerte, los pasajes fueron cerrados con cordeles, alambres de púas, escombros de panderetas caídas y lo que pillasen en el lugar. Machetes, palos y estoques eran las armas. Se mantuvieron fogatas toda la noche. Hubo custodia policial y por fin toque de queda.
El martes llegó el agua y con ella la higiene, se vieron los primeros militares custodiando las calles, los vecinos les aplaudían y los cabros chicos quedaban impresionados por las tanquetas. Por fin se podría dormir tranquilo.
Los saqueos nunca se detuvieron,aunque, fueron controlados rápidamente por efectivos militares. Algunas bodegas del parque industrial fueron abiertas y la mercadería fue distribuida a la gente que la solicitaba, eran filas interminables. Marcaban las manos de las personas para que no se repitan, debían racionar. Muchos supermercados de Concepción funcionaban, se decía en la radio, en Coronel nada. Para el jueves ya había luz en muchos barrios, en el mío no.
Recién el sábado llegó una caja de alimentos a cada hogar, la ayuda necesaria para alimentar a las familias por unos cuantos días. A las 16:00 ya llegó el suministro eléctrico, los celulares fueron cargados y los computadores conectados a Internet, en la televisión pasaban la Teletón y los vecinos lamentaban que la unidad frente a las fogatas se acabaría en cuanto caiga la noche. Habían pasado 6 días y al parecer la autoridad civil seguía desorientada y sin saber que como actuar.
El ambiente está sereno, se espera que con el trabajo y preocupación de las personas la comuna vuelva a su funcionamiento, ¿qué harán las autoridades? Damnificados hay y se les prometió ayuda, a nivel de país se organizan para levantar la región. “Muchas gracias”, resuena en nuestras calles.
Con acceso a Internet pude ver cómo quedó Talcahuano, Dichato, Llico y Constitución, agradezco a todos los dioses habidos y por haber que Coronel, también zona costera, no haya sufrido de esa forma. Por otro lado, expreso mis más sinceros sentimientos de solidaridad, apoyo y condolencias hacia aquellos que han perdido familiares y amigos.

Versión para impresiónEnviar a un amigo

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de los ciudadanos que los emiten (con nombre, sin pseudónimos). Cualquier opinión que contenga insultos, injurias y/o calumnias no pasará el filtro de moderación.

6 Comentarios

Comentarios en Facebook

Imagen de karla yobely neira toloza

ooh super fuerte el

ooh super fuerte el terremoto, gracias a dios aora estamos to2 bien, quedamos un poco traumados con las replicas pero de a poco han pasado...ke dios nos siga cuidando dia a dia

Imagen de fabian silva

como me ubiese aber stado en

como me ubiese aber stado en coro,stoy picado x eso,yo a mas d 700 kms y mis hijas y señora sola y nadie k las pudiera socorrer y a la ves afortunado xk no paso nada mas k un susto,veo a coro y me da pena lo stan hermoseando y recontruyendo y x otro lado ahogando con tanta termolectrica,k me dicen,hasta la vista.

Imagen de Margarita Huenuil Saavedra

Wow, me siento afortunada

Wow, me siento afortunada por no tener que vivir tanta cosa durante estos días. Fue bastante tranquilo, pero no menos impactante saber luego que muchos de mis amigos habían pasado por varias aventuras desdichadas :(

Lo importante es que todos estamos bien!

Saludos, my BFF ;)

Imagen de Eduardo Calabrano

Buen relato

Buen relato Rodrigo.

Bastante acorde a lo que nos paso en mi casa ese día jajajaja

Pero bueno, ahora lo importante es crecer y ser mas fuertes para un futuro terremoto que esperemos no suceda hasta mucho tiempo mas.

Arriba el animo todos =D

Imagen de Bastián Morales

Tu relato es acorde a lo que

Tu relato es acorde a lo que cada una de las personas vivió a lo que me refiero es que no es ajeno a nadie.. me senti super identificado con cada una de las cosas ahi mencionadas..

y como tu, cuando todos volvimos a tener internet y luz vimos las noticias y las imagenes y solo quedabamos impactados.. esto fue terrible..

Imagen de Paula Venegas R

fue heavy tu relato. Menos

fue heavy tu relato. Menos mal que primó el compañerismo entre los vecinos para cuidarse entre ustedes. Y me alegro mucho saber que estás bien!

Agregar Comentario

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.

Aqui podría estar su imagen. para registrarse, haga clic aquí.

CAPTCHA
Queremos saber si eres una persona y no un robot, por eso responde este siguiente formulario.